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Encuentro literario. Héctor Abad Faciolince

Fecha 17 de marzo
Hora 20.00 horas
Lugar Salón de actos Plaza España
Dirección Plaza España 3. Burgos
Precio Entrada libre hasta completar aforo
Fecha 17 de marzoHora 20.00 horasLugar Salón de actos Plaza EspañaDirección Plaza España 3. BurgosPrecio Entrada libre hasta completar aforo

El martes 17 de marzo, encuentro literario con Héctor Abad Faciolince, donde presentará, ‘Ahora y en la hora’.
El encuentro tendrá lugar en salón de actos Plaza España 3 a las 20.00 horas con entrada libre hasta completar aforo.

Héctor Abad Faciolince

Héctor Abad Faciolince nació en Medellín (Colombia), en 1958. Estudió Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad de Turín (Italia). Además de ensayos, traducciones y críticas literarias, ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Asuntos de un hidalgo disoluto, Tratado de culinaria para mujeres tristes, Fragmentos de amor furtivo, Angosta, El olvido que seremos, La Oculta, Lo que fue presente y Salvo mi corazón, todo está bien. Con su tercera novela, Basura, obtuvo en España el I Premio Casa de América de Narrativa Innovadora. Ha publicado también un libro de poemas, Testamento involuntario; uno de ensayos, Las formas de la pereza, y otro de narrativa, Traiciones de la memoria. De sus libros hay traducciones a más de quince idiomas.

Ahora y en la hora

A mediados de 2023, apenas recuperado de una cirugía a corazón abierto, Héctor Abad Faciolince aceptó la invitación de sus editoras ucranianas para asistir a la Feria del Libro del Arsenal, en Kyiv, y presentar la traducción de El olvido que seremos. Sería un viaje de tres días durante el cual también tendría la oportunidad de participar en el lanzamiento de la campaña «¡Aguanta, Ucrania! », fundada por el negociador internacional colombiano Sergio Jaramillo. Fueron Jaramillo y la reportera de guerra —también colombiana— Catalina Gómez los que, una vez cumplidos todos los compromisos librescos, le propusieron prolongar el viaje un par de días más, internándose en el Donbás y el Donetsk. Si había llegado hasta Ucrania, argumentaron, era importante que su visita no se restringiera a la capital: debía conocer los horrores de la invasión rusa en el este para poder dar testimonio. A ellos tres se sumaría Victoria Amélina, una joven escritora ucraniana que, desde febrero de 2022, se había volcado en el activismo, trocando la ficción por la investigación y la documentación de crímenes de guerra.
Los viajes dentro de los viajes, pensó Abad Faciolince, nunca son una buena idea. Un viaje improvisado a la frontera con un campo de batalla era, directamente, una ocurrencia temeraria. Prefería no ir, pero sabía, a la vez, que no sería capaz de resistirse a los tenaces argumentos de Jaramillo y a su temor a parecer un cobarde. Fue así como, cuando en lugar de subirse a un tren rumbo a Polonia, tal y como estaba planeado inicialmente, se vio viajando en la dirección opuesta, hacia Kramatorsk, una ciudad que jamás había oído nombrar y que, en cuestión de días, quedaría grabada a fuego en su memoria. Acompañados por Dima, un guía e intérprete local, los cuatro recorrieron en jeep el Donetsk, entre extensos campos de trigo abandonados y los restos más visibles del conflicto: tanques quemados al costado de la carretera, pueblos desiertos y edificios en ruinas.
Un paisaje desolador que se completaba con los testimonios recogidos por Amélina acerca de los crímenes cometidos por los rusos en la región. El 27 de junio, después de unos días llenos de emociones profundas, el grupo decidió ir a cenar a una pizzeria de Kramatorsk a modo de despedida: al día siguiente, cada uno tomaría un camino distinto. Estaban sentados en la terraza del local cuando, a las 19:28, un misil ruso de alta precisión, con seiscientos kilos de explosivos adentro, cayó sobre ellos, dejando en el acto trece personas muertas y más de sesenta heridos. Al estar en el exterior, Abad Faciolince y sus compañeros solo sufrieron heridas leves. Todos estaban bien. Todos menos Victoria Amélina, que minutos antes del atentado había intercambiado asientos con el autor y, sentada mucho más cerca del interior del local, había quedado malherida: un objeto había atravesado su cráneo y dañado su cerebro. Horas más tarde, moría en un hospital. En esta narración intensa, donde contrastan vertiginosamente vida, vejez y muerte, Héctor Abad Faciolince hace la crónica de un viaje que termina en tragedia, a la par que con una franqueza conmovedora escribe para entender lo visto y vivido. Contar esta historia es, en parte, un modo de sobreponerse a lo acontecido, pero ante todo, responde a un impulso inapelable: ofrecer un testimonio acerca de los efectos devastadores de la violencia y la guerra; el convulso presente y pasado de una tierra fronteriza; la indignación por la muerte de los inocentes; y la azarosa experiencia de sobrevivir una vez más, con toda la culpa y el estupor que conlleva el acto de salvarse.

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